viernes, 30 de noviembre de 2007

nunca quise tener blog

....Y sin embargo este es el primero. Así pues como no se como empieza este cuento me presentaré y así podéis ponerle nombre a quien no tiene nada que contar.
Me llamo David, soy de Almeria, un rincon del mundo situado entre la linea del ecuador y el circulo polar ártico practicamente. Mi vida no es que no tenga interés, si no que no ha salido nunca en televisión, ni ella ni yo vamos. Tengo un cuarto de la vida que pretendo vivir y muchas ganas de hacer un poquito de historia cada día que me levanto y sin embargo me consta que no soy la alegría de la huerta. Soy ciclista, por eso lo del blog ( a partir de ahora bitácora ), pero como sea que eso de dar pedales deja libre el intelecto durante gran parte del trayecto pues me da por pensar, recordar y muchas veces entre soliloquio y cortocircuito, se me ocurre que podría escribir sobre la vida; aunque muchos lo hayan intentado y la hayan perdido antes de conquistarla, sobre mis memorias, sobre las personas que han pasado y las que sois hoy presente. Ya digo que no creo que tenga nada que contar, pero así hay cientos de personas que acaparan cuantas páginas, ondas e imágenes hay y habrá y existe quien los oye, aunque no los escuche ni preste atención a lo que hay detrás de su palabras, bajo el disfraz, sobre sus almas.
No está de más una mirada ácida al mundo, un cruce de cables y aún más una conversación, aunque sea escrita, sentado frente a frente, con tiempo y con ganas. En esto de divagar no me inició nadie, porque de siempre me recuerdo sacando conclusiones inconclusas sobre los sucesos comunes u oyendo entre lineas aquello que me quisieran contar. Los libros ayudaron, me ensañaron a pensar sobre renglones rectos y a organizar los pensamientos, la radio me avivó el la locuacidad mental, aunque he de confesar que si no es escribiendo no soy capaz de decir dos palabras inteligibles, con buena entonación y verbo correcto. Aquella radio que escuchaba atento desde pequeño y en que salían personajes tan fantasticos como reales, a los que aprendí a entender, donde aparecían historias y vidas nuevas, hasta esta de hoy. Personajes que se hicieron de carne y hueso y fueron mis compañeros de tareas más tarde, de estudio un día, de trabajo más tarde, de entretenimiento hoy. Algún día hablaré de ellos, pero reseñaré a un señor con mil voces al que tantas veces escuché hablando por boca de una mujer de su casa, un cura o un político que contaba chistes y al que alguien un día se le ocurrió dejarle hablar con su propio verbo. Expuso en un par de años las miradas más variopintas del día a día desde sus ojos de duende travieso y me cautivó tanto como para aguzar mis soliloquios hasta extremos.
Pero bueno bastante me he enrollado, tanta linea para no decir nada y más conseguir que en la quinta se haya ido hasta el más pintado. Ahora os toca a vosotros presentaros, a algunos ya os conozco, a otros muy pronto y a todos os quiero conocer de nuevo.
Nos veremos pensando entre pedalada y pedalada.