viernes, 4 de septiembre de 2009

Te recordare junto a tus alamos

Aqui todo sigue igual, aunque somos menos. Hace unos días nos juntamos todos para recordarte, casi nadie lloraba y nos sirvió para charlar con la gente de siempre, algunos han envejecido mucho, cualquier día empezaremos a echarles de menos igual que a tí y dejaran en nuestro recuerdo el poso de una vida plena. Ahora nos damos cuenta lo valiente que fuiste y le damos mucho más valor a cada una de tus ultimas sonrisas. Nos queda la tranquilidad de saber que cumpliste la mayor parte de tus sueños; después de una vida complicada supiste aprovechar la segunda oportunidad que todos tenemos alguna vez y disfrutaste de mil viajes junto a la abuela, escribiste lo que siempre habias querido escribir, aprendiste a usar el ordenador después de los 75 y en tus últimos días sin saberlo te dimos el homenage que más deseabas; aquel día que pasamos en El Peñoncillo se te veía el hombre más féliz del mundo. Nunca olvidaré aquel vistazo que echaste subido al peñón, desde donde me explicaste todo lo que teníamos frente a nosotros, la panorámica de tu vida, mientras todos decían cuidado con el abuelo que no se caíga; no sabían que el abuelo estaba volando y era joven por última vez.
Recuerdo que te quedaste con las ganas de tener conexión a internet; por eso, para que quede tu huella también en la red haré público el poema que escribiste para aquella ocasión, aquel que leiste con un hilo de voz en el Barranco de los Almecillos, al lado de tus álamos.
Una vez más pasaré al ordenador tus poesías como hacía antes;


Recuerdo a los Almecillos
la tierra en que yo nací
como cosa de chiquillos
a la escuela poco fuí
alegre con mis hermanillos.

Lo que de niño jugué
cuando estando pequeñillos
no se por cuando y el porque
jugando pasamos los ratillos
aquel tiempo ya no se fue.

Todo lo quiere el destino
esto se ve abandonado
nunca tuvo otro camino
tanto lo que hemos jugado
porque sería nuestro sino.

Redacto como misterio
lo que no pueden los pillos
con mis palabras por medio
ya de nuestros Almecillos
solo nos queda el recuerdo.

Barranco de los Almecillos
el que nunca olvidaré
trezado como junquillos
en mi mente los tendré
aquellos buenos ratillos.

En el barranco con alegría
empezó mi junventud
como rey de Andalucía
bajo de este cielo azul
de miterio y simpatía.

Hoy me recuerdo al dedillo
escribiendo esta poesía
que me parece un castillo
pensando con alegría
cuando era un chavalillo.

Ya me llegó la vejez
por el tiempo transcurrido
sin llegar a comprender
que tiempo más florecido
cuando se está en la niñez.

Desde este bello barranco
yo varias rosas busqué
y como rosa de encanto
en un jardín encontré
una vestida de blanco.

Y con ella me casé
la mujer que quiero tanto
con la que una familia formé
que es mi alegría y encanto.

Es la flor de las mujeres
ella dos hijos me dió
que parecen dos claveles
con dos rosas se casaron
la que tres nietos me dieron
que a mi familia aportaron.

De chiquillo siempre pegas
y me paso cuando niño;
como de nunca sosiegas
decía mi padre con cariño
Salvadorillo un corre vegas.

Tendremos resignación
que Dios así lo ha querido
con luto en el corazón
por todo el que ha fallecido
recemos una oración.

Tengo miles de estribillos
aunque cantar yo no canto
añoro cuando chiquillos
y me despido del barranco
Barranco de los Almecillos.


Escrito por mi abuelo, Salvador Sanchez Rodriguez en julio de 2008, estando enfermo de cáncer y leido con motivo de su última visita al Barranco de los Almecillos, en la rambla de Turón, cerca de Murtas, en la provincia de Granada, arropado por familia, diez días antes de su muerte.